💌De una terca
Hola desde Medellín. La semana pasada no te envié carta, seguramente tu vida no se alteró en lo más mínimo por esto, pero me veo en la necesidad de mencionarlo.
No escribí como vengo haciendo casi todos los domingos desde marzo, pero la vida pasa, la cabeza anda sumida en otras tormentas y parece que el tiempo debe invertirse en cuestiones más vitales.
Luego recuerdo que escribir es de las cosas que me mantienen cuerda aunque despierte sudores y trances. Escribir para mí es superar un trance para meterme en otro, es medio masoquista, a veces insufrible y frustrante. Pero no lo cambiaría por nada.
Cuando escribo, bailo sobre esa línea entre tratar de ser completamente honesta y no querer evangelizarte. Escribo y pienso “ojalá esto no sea tomado como un consejo no solicitado”. Por favor, no, internet está lleno ya de gente que quiere decirte cómo vivir, no quiero ser yo una más.
Entonces, ¿qué quiero con todo este journaling, con esta tomadera de notas, con estas cartas, con las páginas de papel llenas de tinta, con las hojas fechadas? Pues pensar, querer salirme, ver desde otro lado, recordarme vainas, repensarlas.
Algunas veces solo necesito volver a un punto de partida, sentirme en puerto seguro antes de regresar a altamar. Me aburre otorgarle una utilidad específica a las letras, una finalidad exclusiva, en todo caso no quiero ser yo quien les ponga una etiqueta.
Creo que aunque quisiera, muchas veces no podría nombrar lo que siento cuando escribo o cuando leo el resultado. Lo sé en una parte de mí que me cuesta verbalizar. Sí, la ironía.
Más irónico aun es que ni siquiera tiene que ser una certeza, qué flojera las verdades muertas. Me tengo que recordar -escribiendo- lo aburridas que son, salvo contadas excepciones. Igual son esas excepciones las que nunca dudo ni necesito validar.
Dudo en las tonterías y en los miedos. Y ahí bailo también, cambiando una duda por otra. Y al saberlo, hago las paces con caer en el olvido de ese baile, en momentos de completa desesperación en los que solo quiero sentir que tengo algo bajo control.
Me río apenas termino de escribir eso. Control (?). Y sí, por eso sigo escribiendo, por eso mantengo mi terquedad, aunque a veces no entienda por qué lo hago, no entienda de dónde viene esta necesidad testaruda de querer poner en palabras el mundo, mi mundo.
Supongo que quiero compartirlo contigo para no sentirme sola y para que nos recordemos que estamos juntos en la terquedad de vivir. Que le tuya probablemente sea otra, capaz correr, trabajar, leer, dibujar, preparar recetas de cocina, perseguir la productividad, todos tratando de hacer sentido.
Esto fue lo que salió hoy. Me angustia escribirte y también lo amo. Como la vida misma. Como las ideas que inevitablemente me hago. Gracias por acompañarme en esta locura.
Gracias por llegar hasta aquí. Puedes apoyar mi contenido dando like, reenviando este correo, comentando o compartiendo un pedacito en tus redes sociales.
Nos leemos la próxima semana.
Un abrazo,
Sofí.



